Con más de tres décadas en el sector logístico, he visto crisis, pero la situación actual en las aduanas de la frontera Norte y los nodos estratégicos es una de las más críticas. Los cierres viales han alcanzado un punto de quiebre que los hace “insostenibles”. La solución, como tantas veces he comprobado, no está en la fuerza, sino en la mesa de negociación. El sector productivo ya sangra con pérdidas millonarias, los conductores están al límite y el fantasma de los paros técnicos en las plantas industriales se cierne como una sombra.
Recuerdo una entrega de reconocimientos similar a la del Distintivo Canacar y el Diploma de Honor de la Road Transport Union (IRU), donde se hablaba de prosperidad. Hoy, el tono es de alarma. Luis Roberto Lastiri, director general de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), lo expresó con la crudeza que da la experiencia: “Nuestros afiliados reportan pérdidas constantes. Es insostenible seguir así…”. Es la voz de una industria que lleva las mercancías del país sobre sus espaldas.
El arte del diálogo frente a la urgencia del camino
Lastiri tiene razón: la autoridad y los manifestantes deben sentarse. A lo largo de mi carrera, aprendí que los bloqueos son un remedio peor que la enfermedad. La filosofía de Canacar, con la que me identifico plenamente, es “cero bloqueos, cero afectaciones a terceros”. Es una postura de responsabilidad. Si bien es cierto que los índices delictivos como el robo de carga han mermado, una lección dolorosa que hemos aprendido es que la violencia no ha cesado; siguen asesinando a nuestros operadores. Por eso, la mesa de diálogo, aunque sea lenta, es el único canal viable.
Es en esas mesas, como bien señaló el directivo, donde se dan “los trancazos”. No es un espacio de aplausos, sino de confrontación de realidades: se exhiben los robos, se señalan las extorsiones y se exigen avances. Es un proceso arduo, pero es el correcto. Exigir con firmeza pero con mesura es la lección que nos ha dejado el tiempo; bloquear indefinidamente solo profundiza la herida de todos.
El costo real: más allá de las pérdidas económicas
Augusto Ramos, secretario general de la Canacar, lo resumió con precisión: no se está en contra de las demandas sociales, sino de la forma. Los bloqueos no solo colapsan la economía mexicana; son un torniquete en la aorta del comercio exterior, afectando envíos cruciales a Estados Unidos y Canadá. He visto cómo un solo punto cerrado puede desencadenar un efecto dominó de incalculables consecuencias.
Rogelio Arzate Tapia de la ANPACT lo confirmó: aunque aún no hay una cifra concreta, la amenaza es inminente. La interrupción del flujo de componentes puede paralizar las líneas de producción. En mi experiencia, cuando una planta en el Bajío, Baja California, Coahuila o Nuevo León se detiene, reactivarla cuesta mucho más que dinero; cuesta credibilidad y contratos a largo plazo. La urgencia de levantar estos cierres es absoluta para evitar un daño estructural a la industria manufacturera.
Finalmente, la perspectiva de Virginia Olalde del transporte de pasaje nos recuerda que esta crisis es multidimensional. Más allá de la carga, está la seguridad de las personas, otro pilar que debemos resguardar mediante una comunicación constante y efectiva con las autoridades. La lección final, que repito a quienes inician en este sector, es clara: la logística es el sistema circulatorio de un país. Si se obstruye, todo el organismo se resiente.




















