Foto: El Universal.
En un acto de sublime y renovada fe, el Sumo Pontífice de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, ha vuelto a convocar a los creyentes. Esta vez, los apóstoles del autotransporte acudieron al sagrado concilio donde, una vez más, se consagró el místico “compromiso” del gobierno para fortalecer la seguridad en los caminos, esos mismos que siguen pareciendo escenarios de una película del lejano oeste.
“En perfecta sintonía con los oráculos de @GN_MEXICO_ y @SEGOB_mx“, profirió el funcionario desde su púlpito digital, “hemos acordado reforzar los mecanismos de coordinación, una entelequia tan poderosa como invisible, y dar seguimiento a las carpetas de investigación, esos tomos que reposan en los archivos de las fiscalías, acumulando el noble polvo de la paciencia nacional.”
El Decálogo de las Intenciones Loables
Se anunció, con la pompa de quien descubre el fuego, que se integrarán acciones de la Estrategia Nacional contra la Extorsión. Esta magna iniciativa consiste, en esencia, en atender denuncias por un delito que, según las crónicas populares, es tan común como los baches. El plan maestro incluye la celebración de reuniones continuas, el ritual más sagrado de la burocracia, para dar seguimiento a los acuerdos y, en un futuro lejano, tal vez garantizar resultados. Harfuch, con la solemnidad de un augur, enfatizó la importancia de la “colaboración”, ese conjuro mágico que todos invocan pero pocos han visto materializarse.
El Reino de la Incertidumbre Vial
Mientras tanto, en el mundo real, el gremio del autotransporte navega por un paisaje dantesco donde la extorsión y el hurto son el peaje no oficial. La SSPC, armada con sus acciones y sus actas de reunión, se embarca en esta quijotesca cruzada para generar un “ambiente más seguro”, un espejismo en el horizonte que mantiene viva la esperanza de que, algún día, las promesas dejen de ser la mercancía principal que se transporta por las carreteras de este país.


















