Pemex duplica la apuesta por el polémico fracking

En un giro que parece sacado de un manual de cómo no hacer la transición energética, Pemex ha decidido que el futuro es… más de lo mismo, pero más caro y controvertido. La paraestatal va a inyectar un 66% más de dinero en 2026 para practicar fracturación hidráulica, esa técnica tan amigable con los acuíferos.

Hablamos de pasar de 2,423 a 4,016 millones de pesos para el programa Aceite Terciario del Golfo. Una minucia, si se piensa en el costo real para el medio ambiente. Este proyecto, antes conocido como Chicontepec, es ese pariente lejano del que todos hablan pero nadie quiere visitar: complejo, costoso y con un rendimiento en picada.

El aumento de inversión ya había sido adelantado por el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, quien destacó que los recursos convencionales se están agotando.

Ahí lo tienen. La estrategia nacional: cuando se te acaba lo fácil, le metes más dinero a lo difícil y polémico. En 2024, la producción en la zona cayó un 9.2%. La lógica dictaría repensar el modelo. La lógica de Pemex dicta cavar más hondo (literalmente).

Los expertos no están precisamente eufóricos. No es sorpresa. Chicontepec lleva décadas siendo ese sueño petrolero que nunca despega del todo.

Miriam Grunstein, de Rice University, señaló que los campos de Chicontepec son difíciles de perforar y sugirió que Pemex busque alianzas en aguas profundas.

Mientras tanto, Ana Lilia Moreno, de México Evalúa, pone los pies en la tierra (aunque sea tierra fracturada): la decisión tiene patas económicas. Es la extensión natural de los yacimientos que ya explota nuestro vecino del norte.

Así que México se enfrenta a una encrucijada clásica: seguir apostando por ser una nación petrolera a cualquier costo, o empezar a virar hacia otro futuro. Por ahora, la balanza se inclina hacia bombear más dinero a un pozo… tanto financiero como geológico.

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