En un acto de precisión que solo puede describirse como heroico, la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil ha logrado lo imposible: predecir el tiempo. No cualquier tiempo, sino uno que abarca todas las posibilidades. Templado a cálido. Medio nublado a nublado. Lluvias con chubascos ocasionales. Es decir, todo y nada al mismo tiempo.
Los vientos, en un alarde de independencia, serán de dirección variable. De 5 a 20 kilómetros por hora, con rachas que desafían la mediocridad alcanzando los 35. Una verdadera declaración de principios atmosféricos.
La temperatura máxima será de 21°C. La mínima, de 10°C. Un rango tan amplio y seguro que hace preguntarse si no sería más honesto anunciar simplemente: “Hoy hará la temperatura que haga”.
La madrugada será muy fría en algunos lados. Por la tarde, cálida con lluvias en otros. Un panorama tan específicamente vago que solo una mente burocrática podría concebir.
Se recomienda a la población estar atentos a los avisos del Sistema de Alerta Temprana.
He aquí la joya de la corona. La recomendación final. Después de semejante despliegue terminológico que predice todas las eventualidades climáticas posibles, la solución es… estar atentos. Como si tras descifrar el oráculo de Delfos, el consejo final fuera “miren al cielo”.
Es el pronóstico como metáfora perfecta: un esfuerzo monumental para decir muy poco, envuelto en el lenguaje solemne de la autoridad. Nos prepara para todo, lo cual es otra forma de no prepararnos para nada específico. La naturaleza, caprichosa e ingobernable, reducida a un comunicado que puede significar lo que cada quien quiera que signifique.
Al final, uno mira el cielo por la ventana y piensa que quizás el mejor sistema de alerta temprana sigue siendo ese.

















